El lenguaje como forma de apropiación cultural.

Columna por Mariana con letras

Llevo varios meses dándole vueltas a una idea: el desarraigo comienza en el lenguaje, como dijo alguna vez Umberto Eco “el gran peligro de la globalización es que nos empuja a una megalengua común”. Mi preocupación parece vacía pero basta con escuchar una conversación entre jóvenes para entenderlo: nuestro léxico es cada vez más pobre, leemos muy poco y consumimos contenido creado por personas de todas partes del mundo, si eso es lo único que nutre nuestro vocabulario, nuestras conversaciones no solo serán vacías sino una especie de réplica, una copia incluso inconsciente.

Para alcanzar objetivos de aprendizaje de una segunda lengua (inglés o francés por ejemplo), las películas, música y contenido en redes, son una alternativa real de crecimiento; pero el lío radica en la propagación de términos en español, que desde mi punto de vista se convierten en una forma de apropiación cultural. Muchas veces vienen desde anglicismos (como facto, cringe o random), pero también la cultura lingüística mexicana, argentina o latinoamericana en general, ha traído términos que hacen parte de nuestra cotidianidad (como wey, che o chamba).

Esto, demuestra una vez más que la comunicación es un dispositivo de transformación y apropiación cultural.

Porque el desarraigo va desde la pérdida de identidad, de tradiciones y de lo comunitario, hasta el desprecio de las expresiones orales más nuestras; cada día escucho a más paisas que se van a “chambear” y no a trabajar o “camellar”, ¿no es eso preocupante?Mucho se habla de la apropiación cultural hacia los grupos indígenas o la comunidad afro, (que es real y hace daño), más yo diría que hay otros tipos de apropiación que están invisibilizados y también son nocivos.Y volviendo a Eco, cabe cuestionarnos ¿cuál es la megalengua común que se pretende imponer? ¿por qué entendemos cada día menos la jerga popular de los campesinos, de las raíces de lo que somos y comprendemos más el lenguaje global?.

“El idioma es el mapa de carreteras de una cultura. Te dice de dónde viene su gente y hacia dónde va”, (Rita Mae Brown). Es hora de objetar, ¿hacia dónde vamos? Si seguimos caminando ciegamente en dirección a la expresión global, tarde que temprano nos quedaremos sin identidad: el lenguaje transforma la realidad y yo, me rehúso a que algo me de cringe, yo prefiero tener pena ajena; yo no quiero ver contenido random, elijo ver vídeos al azar; porque aquí un amigo no es wey, es un parcero.

La riqueza de lo que somos no está solo en nuestros paisajes: las montañas imponentes y el sol que anda libre; tampoco únicamente en nuestras arepas de mote y maíz capio, sino también y sobre todo en nuestras palabras: en el juicio para trabajar y en el vivir amañados con los nuestros.

Como dijo Nelson Mandela “si hablas a alguien en un idioma que comprenda, eso llega a su cabeza. Si le hablas en su idioma, llegará a su corazón” y yo elijo hablar al corazón, para abrazar lo que somos y conservarlo.

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