Con más de 60 escritores de 35 países y una programación cargada de sensibilidad, Medellín le abre el corazón a la palabra viva en la edición número 35 de su Festival Internacional de Poesía de Medellín.
Desde este sábado, la poesía comenzó a habitar plazas, teatros y bibliotecas de Medellín. No con estruendos ni multitudes, sino con la delicadeza de la palabra dicha, con la fuerza de los versos que resisten al olvido, con la esperanza de quienes creen que la poesía sigue siendo un acto profundo de humanidad.
El Festival Internacional de Poesía de Medellín, que este año celebra 35 años, se extenderá hasta el sábado 12 de julio. Durante estos días, más de 60 eventos gratuitos invitarán al encuentro, la reflexión y el asombro, en medio de lecturas, conversatorios, conciertos y talleres. También habrá una muestra comercial con libros.
Ocho días para volver a mirar la vida
Cada jornada del festival abre un espacio para conversar sobre temas que atraviesan el alma y el planeta: Poesía por la Paz, Libertad de Expresión, Resistencia Espiritual, Pedagogía de la Poesía, Celebración de la Poesía, entre otros. Temas que, más que teorías, son vivencias compartidas y sentidas por una ciudad que ha hecho de la poesía una forma de resistencia.
Como lo expresó su director, Fernando Rendón, el festival se mantiene firme en su propósito: ser un refugio frente a la guerra, un alimento para la sensibilidad y un puente entre las culturas del mundo.
Voces del mundo, corazones en Medellín
Entre los invitados internacionales destacan figuras como Mohammed Bentalha (Marruecos), Hugo Mujica (Argentina), Natasha Kanapé Fontaine (Canadá), Murad Sudani (Palestina) y Huu Viet (Vietnam), quienes compartirán sus palabras y miradas con el público antioqueño.
También estarán presentes reconocidos poetas colombianos como Lucía Estrada, Diana Villa, Adriana Lizcano, Michael Benítez, Nataly Domicó, Luis Arturo Restrepo, Marisol Bohórquez, entre otros.
La palabra como gesto de amor
Durante esta edición, el Festival recuerda que la poesía no es un lujo ni un adorno, sino una forma de mirar el mundo con más claridad, una forma de nombrar la vida y también de cuidarla.
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