Sobredosis de Discurso: Me importa un carajo la versión de un asesino. 

Por: Alejandra Buitrago, Periodista.

Versiones. Las malditas versiones. El mundo no es más que una construcción compartida de versiones mosaicas llenas de contradicciones que son nuestro pan de cada día. 

Vamos a la mitología, ¿Se imaginan a Lucifer Estrella de la mañana contando “su versión de los hechos” de cómo Dios lo sacó del cielo? O, ¿Se imaginan a Poncio Pilatos defendiéndose sobre porqué era necesario matar a Jesús? Absurdo, ¿Cierto? ¿Entonces por qué darle micrófonos, cámaras y atención a personas que han cometido crímenes y que quieren contar su versión de los hechos? Y no hablo de defensa propia. No hablo de verdaderas situaciones en las que es necesario aclarar los hechos. Hablo de la “Mi versión” de cierto feminicida que mató a su expareja y salió a justificarse en micrófonos nacionales o de cierta influencer que cometió intento de homicidio “Porque ella le intentó quitar el novio”. 

En una época en la que es tan fácil dar la cara y dar la opinión y/o la justificación más absurda, violenta u odiante, sin aparentes consecuencias más allá de algunos comentarios de odio, la gente se siente envalentonada a lanzar sus pensamientos a la red (y a la realidad), a dar “su versión de los hechos” o peor, a creerla. 

El TikTok y el Facebook les vuelve valientes, porque los seguidores siempre van a defender a su becerro de oro, pero en la vida real, en ese mundo de actos de odio en cada noticiero no hay excusas para que alguien se crea inmune a sus actos. Su percepción de la realidad ha llevado su inmunidad moral de las redes a la realidad, porque las personas reales ven como a sus becerros de oro tiktokers nunca les pasan factura de sus actos.

Pero, ¿qué pasá cuando la gente cree esa “su versión de los hechos”? Una versión que por lo regular es una mentira cobarde, o un intento desesperado por blanquear una imagen ya podrida de una consciencia inmune a la vida real.

Pues eso no es ni hipotético, ni extraño, ni esporádico. Es el día a día de miles de millones de personas que, como decía el buen amigo Ernesto Sabato, presentan a la luz de la tecnología el mismo efecto que presentan los insectos a la luz. 

Parece que la luz les obnubila, los vuelve esclavos de un eterno scroll sin crítica y sin visión. Solo están desesperados por tomar una versión y defenderla a muerte. Solo están desesperados de escuchar la “Su versión” del asesino, del violador, del maltratador para apoyarlo, ¿Por qué?

¿Es de verdad necesaria esa versión? En una sociedad mojigata, moralista y absurda, vale menos un homicidio que una infidelidad. Vale más una golpiza y un photoshop a una falta de respeto inventada con el fin de grabar para la viralidad. 

En un mundo en el que un medio de comunicación conocido en el país le da microfono a un feminicida para que cuente su versión, intentemos no dejarnos llevar por una sobredosis de discursos, por una sobredosis de chismes, por una sobredosis de excusas y de justificaciones que ponen sobre la víctima todo el peso de lo que le paso. 

O no, sigamos la luz del TikTok y electrocutemonos hasta la muerte. Una muerte en la que, como las ánimas,  nos rodearan cadenas, cadenas de scroll, de comentarios de odio y de tomar la partida por un hijo de perra que decidió justificar lo injustificable y matar en nombre de la moral creada por millones de seguidores. 

Comparte esta noticia :

Facebook
WhatsApp
Twitter
LinkedIn
Pinterest