Minas Antipersona

El 05 de junio de 2025 el ambiente se ensombreció con una tragedia: Dos jóvenes de 15 y 17 años del municipio de Anorí, Nordeste de Antioquia, perdieron la vida debido a una mina antipersona. Quisiéramos decir que esta tragedia es un hecho sin precedentes, pero no es así, esto no fue un accidente aislado, es un síntoma de un país que lleva años hundido en la violencia.
Las cifras son alarmantes, la Gobernación de Antioquia reporta que cada semana hay cinco víctimas de minas antipersona, cinco víctimas entre mutilados y muertos. Cinco vidas afectadas (sin contar las familias y los dolientes) por esta absurda violencia. Según la gobernación, las minas son puestas por grupos al margen de la ley como las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, el ELN o las disidencias de las FARC.
Este es el reporte de la AICMA (Acción contra minas antipersona), “A la fecha de corte (30 de Abril de 2025), se han registrado 12.579 víctimas por minas antipersonales y munición sin explosionar, siendo 2006 el año más crítico, pues se presentaron 1224 víctimas, el mayor número en toda la historia de Colombia. En la última década, la tendencia ha venido cayendo, con excepción del año 2012, hasta ubicarse en 2016 en niveles que no se presentaban desde el año 1999”.
Según cifras del AICMA, El 89,57%, es decir, 11.273, de las víctimas son mayores de edad de las cuales 7.459 pertenecen a la fuerza pública”. El grupo demográfico más afectado son los hombres mayores de edad (66%); el segundo grupo que muestra mayor afectación son los niños y adolescentes (20%), luego se encuentran las mujeres mayores de edad (8%) y las niñas y adolescentes (5%)”.
Antioquia es el departamento de Colombia más afectado por esta modalidad, con un aproximado de 2.676 víctimas.
La infancia como arma

La violencia no solo se manifiesta en las minas enterradas en caminos, pueblos y municipios. También se hace presente en las ciudades, en las balas que intentan silenciar voces políticas y sociales. El pasado 07 de junio, el precandidato a la Presidencia y senador de la Oposición Miguel Uribe Turbay fue víctima de un atentado en el que recibió tres disparos. El presunto perpetrador es un jovén de 15 años.
La gran enfermedad de Colombia es la violencia, minas antipersonas, intentos violentos de acallar a Líderes sociales y políticos, niños homicidas, son solo síntomas de esta.
Que el atacante haya sido un menor de edad nos enfrenta a una realidad dolorosa: los niños y adolescentes están siendo usados como armas de guerra, adoctrinados o empujados por contextos sin alternativas en un país que da trabas en lugar de oportunidades en la mayoría de ocasiones. No es un caso aislado.
Según reportes de la defensoría del pueblo, en 2024, fueron reclutados 409 niños, niñas y adolescentes por grupos armados. 409 casos reportados, como dice la defensoría, “Es importante precisar que el subregistro impide cuantificar con exactitud la magnitud del problema, así como presuntas responsabilidades”.
De esos 409 niños y niñas, 162 fueron reclutados por disidencias sin especificar, 135 por el Estado Mayor Central, 84 por grupos sin identificar, 9 por el ELN, 7 por la Segunda Marquetalia, 7 por el Ejército Gaitanista de Colombia y 5 por el crimen Organizado.
El peligro de alzar la voz

El atentado a Miguel Uribe puso sobre la mesa la conversación de los atentados a líderes sociales y políticos, básicamente atentan contra cualquiera que se atreva a alzar la voz, especialmente si opina diferente, otro síntoma de la violencia, la polarización. En 2024, 157 líderes sociales fueron asesinados, uno cada dos días en promedio.
Las cifras son alarmantes, pero más que una predicción o un presagio, son una radiografía del presente y del pasado de nuestro país, un país profundamente lastimado por la violencia y su círculo vicioso, la violencia solo lleva a más violencia. Es el momento de reflexionar qué podemos hacer por un país mejor, detenernos a pensar y alzar la voz para que el día de mañana, no sea igual que el ayer, y nunca más tengamos que oír las noticias de niños y niñas muertos, de reclutamientos o de asesinatos a quienes buscan un mejor país.







