El Hombre que dio gesto y secreto a la Semana Santa

La Semana Santa en Marinilla es una de las más hermosas del Mundo, y cuentan que el secreto es un Maestro que supo darle vida a las estatuas y cuyo legado hoy está más vigente que nunca.

Por: Alejandra Buitrago.

En Marinilla las estatuas tienen secretos, lo juro, lo he visto.

Esos ojos inmóviles tienen vida. Su apariencia engaña, no parece que esconden historias, no parece que con sus manos cuentan relatos, ni que sus gestos hablan. No parece que en cada uno de los hilos que componen sus cuidadosamente cosidos ropajes se encontraran los secretos de la tradición de un pueblo. Un pueblo cuya fe puede hacer milagros.

Pero, ¿quién está detrás de esos detalles que son, en efecto, el ingrediente secreto de una de las Semanas Santas más hermosas del mundo?

Dicen que detrás de esas estatuas, detrás de esos pasos que parecen hablar y moverse, se encuentra un nombre, un hombre, un maestro. Un maestro cuyo amor por Marinilla (y por la Semana Santa) le precede.

Dice el maestro Alberto Arango Fajardo que seguramente es descendiente de Fabián Sebastián Jiménez y Fajardo, el primer párroco de la capilla de Jesús Nazareno. Dice también que aprendió su arte de mentores y empíricos. Ellos le enseñaron que los gestos y los detalles; los secretos y las historias, las manos y las posturas, son lo que les da vida a los pasos. Después de todo, los pasos sin misticismo son solo estatuas. Y en Marinilla, y gracias al maestro, son todo menos solo estatuas.

La gente cuenta que la Semana Santa en Marinilla es lo que es, es como es, gracias a Alberto. ¿Y cómo no, si por más de 25 años (25 años cruciales en el cambio entre que los pasos fueran organizados por las familias con amor a que los organizaran artistas y empíricos) fue él quien coordinó la Semana Santa? Desde los 10 años ya era cercano a la iglesia, y durante una década ayudó como pudo en los pasos, siendo profundamente elogiado por ese ojo para los detalles que parecía tan natural en él. Fue hasta el 74 cuando le «soltaron el control» de la Semana Mayor.

Alberto aprendió que con un poco de Detalles se le podía dar vida a las estatuas, haciendo de la Semana Santa de Marinilla algo especial y único.

Noches sin dormir. Plazos ajustados, Momentos en los que a la comunidad le tambaleaba las tradiciones o incluso la fe. Nada de esto fue nunca un impedimento para que el maestro hiciera de cada procesión un evento inolvidable.

«¿Ve a esos dos apóstoles? Tienen un secreto. Las estatuas tienen que tener secretos para poder que se vean reales. No pueden salir simplemente así, parados tiesos, tienen que tener gestos. Poner las manos de una u otra forma para que parezca que tienen vida», menciona el maestro mientras señala a dos apóstoles que cenan la última cena en la sala de su casa. No es una metáfora, su amor por la Semana Santa trascendió tanto que llenó de estatuas sacras su casa. Estas son obras de otro maestro con un ojo hermoso para el arte sacro, el maestro Vieira, nacido en Medellín, pero casi marinillo.

En la sala están la última cena con todos sus apóstoles y una Virgen de los Dolores. En una habitación tiene un Resucitado, pero en versión pequeña, y tiene una enorme villa desde la entrada hasta la sala. Cada rincón de su casa, de paredes pintadas de colores, grita artista y pasión por lo sacro. Pasión que le regaló al municipio activamente durante la mayor parte de su vida.

Alberto ama a Marinilla. Dice que aquí siempre se puede salir porque siempre hay gente amable y dispuesta. Dispuesta a hablar, a rumbear o a tomarse una manzanilla con él en los parasoles.

Antes, la colección de arte del maestro era un pequeño, pero impresionante museo que manejaba en su casa; inclusive, en ocasiones llegaron a recibir como visitante al Nazareno de Marinilla, una de las estatuas más impresionantes y viejas que tenemos.

Alberto es uno de esos artistas cuya obra ha marcado profundamente a Marinilla; su nombre siempre será recordado por ser uno de los hombres que logró que nuestra Semana Santa se convirtiera en la belleza reconocida que es hoy. Su legado sigue tan vigente como el primer Domingo de Ramos o Viernes Santo en el que, gracias a él o a sus instrucciones, logró dar vida no solo a una estatua, no solo a un paso, sino a una tradición. ¿Y qué somos los marinillos si no somos nuestras tradiciones y, en especial, nuestra Semana Santa?

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