Una guacamaya escarlata que ya no recuerda cómo volar largas distancias, un búho ocelado incapaz de cazar y dos pequeños titíes grises que crecieron entre rejas y no en la copa de los árboles son algunos de los protagonistas de una historia que mezcla dolor y esperanza. Ellos hacen parte de los 22 animales silvestres trasladados desde el Oriente antioqueño hasta el Parque de Conservación Piscilago, en Cundinamarca, gracias a una operación conjunta entre Cornare y la Fuerza Aeroespacial Colombiana.
En el grupo viajaron siete tortugas charapa de puntos amarillos, una tortuga caja, una tortuga matamata, un cernícalo común, una tucaneta esmeralda, una lora frente roja, cuatro loras barbiamarillas y otros compañeros de viaje que alguna vez fueron víctimas del tráfico y la tenencia ilegal. Todos llegaron al Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre de Cornare tras entregas voluntarias o incautaciones, y aunque pasaron por procesos de rehabilitación, no lograron recuperar las habilidades necesarias para volver a la libertad.
Una nueva oportunidad
En Piscilago encontrarán un espacio especializado en conservación, donde su cuidado está garantizado y donde, además, se convertirán en embajadores de la biodiversidad, inspirando a miles de visitantes a reflexionar sobre las consecuencias de arrebatarle animales a la naturaleza.
El viaje no fue sencillo: con el apoyo de la Fuerza Aeroespacial, un helicóptero Black Hawk aseguró que cada traslado fuera rápido, seguro y respetuoso con las necesidades de cada especie.
La misión de estos parques de conservación va más allá de ser refugios: son espacios que educan, investigan y promueven la protección de la vida silvestre. Allí, los 22 animales que hoy habitan Piscilago recordarán que cada compra ilegal deja huellas irreparables, pero también que el trabajo conjunto puede transformar las heridas en una segunda oportunidad llena de esperanza.
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