Por Dora Isabel Suárez
El 25 de diciembre del 2018 la abogada y líder comunitaria antioqueña Dora Isabel Suárez sufrió un accidente que cambió el rumbo de su vida. Mientras encendía la chimenea de su casa, el fuego se salió de control y el 70% de su cuerpo resultó envuelto por las llamas. De inmediato fue remitida e internada en el Hospital Universitario San Vicente fundación en Medellín, donde durante más de tres meses atravesó situaciones cada vez más complejas, su expectativa de vida no superaba el 10%. Sufrió intensos dolores físicos, vivió la angustia de pensar en el futuro de sus dos pequeñas hijas y debió someterse a múltiples y extenuantes procedimientos médicos. Su fuerza interior, el apoyo incondicional de su familia, el poder de la oración y la eficiencia del personal médico lograron el milagro de su recuperación. El libro es un íntimo y detallado testimonio, no sólo de los hechos alrededor del accidente, sino también de su infancia, juventud, vida familiar y laboral, así como de su admirable carrera política.
Así es como Ella, en medio de unos de esos días en que sentía que la vida se le escapa de las manos, estando en la UCI y medio de su tristeza, le dijo a una de sus enfermeras que si sobrevivía, tal vez escribiría un libro… un libro que se convirtió en voz de esperanza y para muchos una historia de inspiración, pero además las ganancias por las ventas de este libro llamado, el Fuego Conoce mi nombre, aporta recursos económicos al pabellón de quemados del hospital donde estuvo internada, pues por difícil y quizá de momento incomprensible que parezca, a cada situación compleja hay que encontrarle un propósito. Lo más fácil es quedarnos en el dolor y no darle un sentido a las adversidades que la vida nos pone.
La autora, jamás imagino que el fuego y su proceso, se convertiría, en uno de sus grandes maestros. Su accidente la hizo comprender que la muerte no es sólo una amiga lejana asociada a la vejez, la noticias todos los días nos recuerdan que son miles de personas de diferentes edades y por diferentes razones, las que abandonan este mundo. En últimas, a la muerte no se puede perder de vista por más que se ame la vida.
Esos momentos de soledad, silencio, dolor y la fragilidad que vivió en el hospital y su proceso de recuperación, le permitieron dar inicio a nuevas reflexiones sobre nuestro paso por la vida. Aunque nunca se está totalmente preparado para el dolor, hay que aprender a pausar la prisa que nos esta robando los momentos, vivir desde la empatía, el amor y la solidaridad, sin olvidar que debemos trabajar a diario en nosotros mismos, en llevar una vida equilibrada para no perder de vista nuestra salud física y mental, que los afanes no nos lleven frenéticamente a vivir más por la apariencia que por la esencia. Estamos sumidos en una época de corazones tristes e imágenes alegres, donde las prioridades, se han invertido.
Todos somos historias, y la vida no es esa perfección que nos venden hoy en día las redes sociales, no son fiestas, celebraciones, alegría, familias perfectas y viajes. La vida también es de retos, momentos difíciles, caídas, levantadas, imperfecciones; nuestra construcción humana es una suma de momentos. Y por difícil que parezcan ciertas situaciones, existen, por fortuna, muchas ayudas, que nos dan ese empujón que a veces todos necesitamos, pero por miedo o vergüenza dejamos nuestra mano abajo y no somos capaz de levantarla y pedir ayuda y se nos olvida que todos, absolutamente todos, tenemos batallas que librar, unas en silencio y otras en público.
Para terminar este corto relato, Ella describe en su libro una conversación con una enfermera:
—Esto no durará eternamente, Dora. Conozco pacientes que han vivido situaciones similares y ya gozan de la vida. El hecho de estar aquí, en medio de estas paredes, quizás le quite las ganas de vivir, y la haga pensar de forma negativa, pero he sido testigo de muchos milagros, de muchas personas que en un principio eran reacias a la idea de seguir, la nostalgia les ganaba y el dolor los vencía, pero poco a poco recobraron el brillo en la mirada y el deseo de vivir.
Así que anímate a leer su libro, conocer una historia que te puede dar fuerza. Ella también pensó en renunciar y hoy goza de su segunda oportunidad, con sus días alegres y también sus días grises, pues eso es la vida, lo importante es no darnos por vencidos y buscar nuevos caminos. Comprándolo el libro, apoyas el pabellón de quemados del Hospital San Vicente Fundación de Medellín.







